El pulso subterráneo del agua bajo la roca volcánica

Bajo la coraza de lava del Xitle persisten veneros y filtraciones que explican por qué el sur de la cuenca aún resiste el estrés hídrico.

PATRIMONIO VIVO

10/15/20262 min read

Bajo las capas de basalto negro que expulsó el Xitle hace casi dos milenios corre una geografía hídrica que rara vez aparece en los mapas de infraestructura metropolitana. Los manantiales que alguna vez nutrieron las huertas de Coyoacán y San Ángel no desaparecieron por completo: continúan filtrándose a través de grietas volcánicas que hoy sostienen jardines comunitarios y cimientos antiguos.

La memoria mineral de la cuenca

A diferencia de las zonas lacustres del oriente, el suelo volcánico del sur funciona como una esponja permeable de alta capacidad de recarga para el acuífero capitalino. Cada metro cuadrado de roca que se sella con planchas de concreto para estacionamientos o desarrollos habitacionales desactiva un filtro natural que tardó siglos en consolidarse.

Especialistas y colectivos ambientales de los Pedregales insisten en catalogar estos afloramientos antes de que las obras subterráneas los canalicen sin criterio al drenaje común. Documentar el agua que brota en sótanos y patios vecinales se ha convertido en una labor urgente para mapear la vulnerabilidad de la cuenca sur.

Hacia una defensa técnica del territorio

Entender la ciudad desde sus estratos geológicos permite abandonar el discurso de la escasez inevitable y pasar al de la gestión consciente. Reconocer el trayecto de estos veneros es el primer paso para proteger una de las últimas defensas hidrológicas que le quedan al valle de México.